viernes, 12 de abril de 2013

Las huestes del Norte


Sigo asomado al parapeto
buscando guerra entre los campos;
y mientras tanto, las flores se han deshecho
entre troneras sin arreglo
y entuertos sin encanto.

Me uno, en baluarte, a tu mirada,
quebrando anfractuosas criaturas,
limando las perezas oportunas
de esta oscura y angosta encrucijada.

A mi alrededor ya todo arde
y yo sigo clavando mi estandarte en el adarve,
¿o enterrando mi bandera?
Escuchaba alaridos, de sorpresa;
buscando en un espejo,
mirando si, a lo lejos,
sabía distinguir de quiénes eran:

las huestes
que son huéspedes
en mi conciencia;

soldados
y más soldados
que venían a mi guerra

cargados de arietes
dispuestos a romper
todas mis puertas.

Soldados
y más soldados
que venían a mi guerra.




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