Sigo asomado
al parapeto
buscando guerra
entre los campos;
y mientras
tanto, las flores se han deshecho
entre
troneras sin arreglo
y entuertos
sin encanto.
Me uno, en
baluarte, a tu mirada,
quebrando anfractuosas
criaturas,
limando las
perezas oportunas
de esta
oscura y angosta encrucijada.
A mi
alrededor ya todo arde
y yo sigo
clavando mi estandarte en el adarve,
¿o
enterrando mi bandera?
Escuchaba
alaridos, de sorpresa;
buscando en
un espejo,
mirando si,
a lo lejos,
sabía
distinguir de quiénes eran:
las huestes
que son
huéspedes
en mi
conciencia;
soldados
y más
soldados
que venían a
mi guerra
cargados de
arietes
dispuestos a
romper
todas mis
puertas.
Soldados
y más
soldados
que venían a
mi guerra.