sábado, 28 de enero de 2012

Pesimista

Somos entes,
puentes entre lo que nace y lo que muere.
Somos plebe anclada a la rutina,
al vacío de cada esquina.
Huimos, acomodamos la mente al imaginario,
escuelas convertidas en calvarios,
varios restos opuestos que vemos a diario,
excluidos de un todo,
un lodo a modo de visera…

Esto ya no es lo que era.

Me da pereza
aunque parezca que mi alma es una presa
y mi presa una tristeza,
convertida ahora en princesa
de un cuento del uno al cinco,
con rima fácil.
¡Sorpresa!

Es frágil escuchar morir a un árbol,
es lento
congelar el corazón hasta cagar cubos
de hielo.
No queda cielo,
solo llamas;
dejar morir aquello a lo que amas,
clavarte un puñal
desde el pecho hasta el techo
y romperte la mano a golpes contra la puerta
que da paso a tu cama.
Llamar a la casualidad ama.

Me avergüenza
no tener prudencia,
sentarme en el camino equivocado,
dar bocados acabados,
con el egoísmo como primer plato
y segundo apellido;
caerme del nido
y no saber volar,
hacer nudos sin cuerdas, sólo con locas,
aplastar una mosca con la boca.
Dar bocanadas
y matar de un par de polvos a las hadas,
quedar reducido junto con ellas
a la nada.

Que por el mar ya no navego en barca,
se la regalé a una parca aparcada en la miseria;
mi risa es seria,
mi prisa recia es reacia
al descompás que acompaña a la historia…

Yo a un lado a ver pasar victorias.

Crezco y decrezco al mismo tiempo.
Ahora invento a la inventiva,
me cobran los besos con iva;
cautiva la masiva de esta sociedad cansina,
juego mis cartas entre un casi no y casi sí...
son los leones
los que se han comido mi perdiz.

(El telón se baja antes
del final feliz)