domingo, 11 de noviembre de 2012

Cuerpo opaco

Pudriendose mis musas en silencio
caballos cabalgando sin compás ni dueño
el desquicio se acobarda
me provoca sueño
se atragantan las palabras por decirte que te quiero.
Llora en el invierno la luz a deshora
mi corazón palpita respira y añora
y se rie del destino
el camino que toma
el olvido ha caído
la angustia se asoma
No hay puntos ni comas
mis metas son bromas
carreras sin normas
sin penas ni glorias
Amor y asperezas
que van de la mano
si el frío es abrigo
el calor no es de humanos

Tan solo te espero
tan solo como siempre
mi puerta está abierta
bien limpios mis dientes
la lengua resuelta para complacerte
las ganas cansadas por no poder verte

¿no poder ver te calma?

Yo quiero verte de verdad

sábado, 20 de octubre de 2012

¿Y a mí qué me cuentas?



Me pide respeto el silencio
por no ser dueño de sí mismo
y anclarse a la rutina del abismo hacia la calma
que clama hacerse ama en mi memoria.
Esa que nunca se agobia
por no hacer alarde en la cama.
Esa que se destrona y que truena
si chocan asiduas las aguas.

Me raspan los vasos de vino venidos a menos,
y la llanura de las sendas; los pastos
que no se comieron en bandeja,
las tejas que no miman sus miedos.
Ser siempre fiero no es respuesta
si en la orquesta de esta cena
está tocando tu ego.

No me grites más, viento, a la oreja,
que ya te oí pasar por mi ventana.
Y tú, mañana, no rías tanto
que sé que te has quedado con más ganas
de dormir, pero que el sol te llama.

Ya están ardiendo sus llamas.

No voy a perder mis costumbres
por más que me alumbre una sombra de lana,
por más que el mar no atraviese las montañas
a falta de un Noé que le ayude a remar.
Así que, guárdate, tierra, tus palabras;
deja que te coman los gusanos las entrañas
que tantos años aprendiste a cultivar.

Me dicen los paños
que están ya cansados del aire
que no se quieren secar.
Me arañan los falsos rebaños
cedidos del baile
del paso que no saben dar.

Pide tú, vida, qué quieres
que te daré lo que quieras.

Pero pide, que no se a qué esperas.

domingo, 3 de junio de 2012

La llave del campo

Ese romper el cristal
y echar la mierda al vertedero,
o al mar de grises delfines
que mueren por el agua intoxicada.
El hablar de las hadas
y sus cuentos,
o los absurdos ajetreos de la mente humana.

Me equivoqué, pero no me exculpo;
me considero parte del vulgo
y de la leña,
la llama que quema mi cena
y se derrite por mi plato hasta el suelo.
No hace más eco el vacío
que mis rezos;
cuando me he perdido en otra orilla
haciendo pie en un asfalto condenado al desconcierto.
Sin barcas para retomar el camino a casa,
si es que hay casa que acoja estos versos.

Y el mar sigue a su paso,
quietecito pero fiero.
¿Y el cielo? Revestido
con tupidos velos negros,
y un lunar de ocre
casi descosido por el tiempo,
por tormenta…
Por la menta podrida en el cerebro.

Un pararrayos para el sol
y sus cabellos,
escondite para el frío del norte,
para atarme al sur del horizonte.
Me miro en el espejo,
mi reflejo hace el intento de sorprenderme
pero no puede.
¿Acaso esa sombra me conoce?
¡No comparte ni mi mente
ni mis penas!
Ni sabe lo que es una vena
hinchada a base de soplar
de boca en boca;
las lenguas con tumores
y saliva descompuesta.
No hay dientes que mastiquen tantos salmos
si no hay garganta que pronuncie una respuesta.

Y qué es de mí, vida,
qué es de mí,
fuera de la goma y la apariencia,
lejos de vislumbrar el umbral de una avaricia
insana y descolorida al rojo atardecer.
Desfila ante mis ojos, vida,
que yo seguiré tan ciego
como siempre que he pintado
el cielo en mi memoria,
y he acabado por quitarle la pila
al despertar de mi historia.

Arietes de alcohol contra mis dientes;
y aún así
te miro y mientes,
pidiendo que te escuchen
aquellos
que no saben escuchar.

lunes, 16 de abril de 2012

El exilio de tu paso al caminar


El vacío es el que clama la virtud de la inocencia,
el destino es la palabra que se clava en la impaciencia
de dejar a un lado el lago dado por tus ojos,
para olvidar a lo que temen los cerrojos,
ese miedo paseado por despojos de otros ratos.
Ratas de orfanato.
Sin más. 

Los senderos, si se abren,
son de piedras descompuestas,
de caminos que se temen
por tener la puerta abierta
a ilusiones aún sin orden,
anarquía en la cabeza;
si me pierdo no preguntes,
que aún no tengo la respuesta.

Respirar el aire que roza tu cuello
para olvidar los retazos de unos besos
ya perdidos por el tiempo,
ya extinguidos por lamentos;
acedías entre versos
de hace días aún sufriendo.

Soy el desierto de este premio,
tan sólo tengo tinta y letra,
si quieres meterme en un gremio
méteme en el de los poetas;
mi aren, repleto de musas,
mi cáliz de whisky y hielo,
limón si es que estoy de buenas,
y si no,
pues a palo seco.

Pero no todo queda atrás,
tengo el mando,
ando donde quiero y más,
cojo el atajo de pegarle un tajo a la rutina,
y resquebrajar la orilla
del mar.

Dejar atrás el abismo,
comprender el sonido de la lluvia
al golpear contra el cristal,
y soñar con que es el mismo
eco donde se refugia
el exilio de tu paso al caminar.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La rima es ritmo

Resucito al cuarto día por pura vagancia,
locura de la oscura luna que pide alabanzas;
lloro sin vuelo fijo
bajo el sufijo metro
rozando a cualquier nube yendo
a dos palmos del suelo.

El presente se ha perdido en la balanza,
el tiempo está en el templo del que
por atuendo lleva lanzas,
guerreros sin guerras,
regueros que no alcanzan,
palabras que se pierden de camino a casa,
¿qué pasa?

Acumulo en vasos el humor del viento,
el amor de un verano plagado de inviernos,
los senderos que se cierran
cuando abres la boca;
las cosquillas de la brisa…
que ya tocan.

Me tiño de estrella de abajo hasta arriba,
las medias mellas se quedan
como una espina
clavada,
hallada entre una pared y una espalda;
un concurso de espadas
que para mi es grima,
una lágrima árida vuelve a dar vida
a las ilusiones….
y desamores.

Divisa la prisa que trae la brisa,
sonrisas que son risas al mismo son,
sonámbulos que ambulan ambos
hacia ese dios
oculto entre arterias
rotas en ferias
sin atracción.
Coaccionados a dos bandos,
yo quiero mal, bien y mejor;
que el peor desaliento alerta a la inspiración,
y mis musas son reclutas de absoluta precaución
al herir y adherir calma
a un alma sin traducción.

Me ocupo del opaco surco
que trae el papel en blanco,
lacando con un puño
hecho de pluma y mil quebrantos,
Raspando,
rescatando encantos de sirenas
que me llevan a la cárcel
de unas penas
que no aguanto.

Pero queda aún la paciencia
y la creencia
de saber,
que quién espera…

seguirá esperando.

sábado, 28 de enero de 2012

Pesimista

Somos entes,
puentes entre lo que nace y lo que muere.
Somos plebe anclada a la rutina,
al vacío de cada esquina.
Huimos, acomodamos la mente al imaginario,
escuelas convertidas en calvarios,
varios restos opuestos que vemos a diario,
excluidos de un todo,
un lodo a modo de visera…

Esto ya no es lo que era.

Me da pereza
aunque parezca que mi alma es una presa
y mi presa una tristeza,
convertida ahora en princesa
de un cuento del uno al cinco,
con rima fácil.
¡Sorpresa!

Es frágil escuchar morir a un árbol,
es lento
congelar el corazón hasta cagar cubos
de hielo.
No queda cielo,
solo llamas;
dejar morir aquello a lo que amas,
clavarte un puñal
desde el pecho hasta el techo
y romperte la mano a golpes contra la puerta
que da paso a tu cama.
Llamar a la casualidad ama.

Me avergüenza
no tener prudencia,
sentarme en el camino equivocado,
dar bocados acabados,
con el egoísmo como primer plato
y segundo apellido;
caerme del nido
y no saber volar,
hacer nudos sin cuerdas, sólo con locas,
aplastar una mosca con la boca.
Dar bocanadas
y matar de un par de polvos a las hadas,
quedar reducido junto con ellas
a la nada.

Que por el mar ya no navego en barca,
se la regalé a una parca aparcada en la miseria;
mi risa es seria,
mi prisa recia es reacia
al descompás que acompaña a la historia…

Yo a un lado a ver pasar victorias.

Crezco y decrezco al mismo tiempo.
Ahora invento a la inventiva,
me cobran los besos con iva;
cautiva la masiva de esta sociedad cansina,
juego mis cartas entre un casi no y casi sí...
son los leones
los que se han comido mi perdiz.

(El telón se baja antes
del final feliz)