Verano
La puerta
blanca sin torcer,
la
podredumbre del querer
me llama,
ya ni
acaricio con los pies
la tierra
que me vio crecer
en llamas;
se muestra
tierno y a la vez
de un hueso
duro de roer
que ladra,
como un
cielo al amanecer
que no
conoce de quién es
el alba.
Llegó el
verano y asoló la primavera
a sólo un
metro para huir,
y se
esparció la luna por toda la acera,
quizás sea
mejor así.