lunes, 16 de abril de 2012

El exilio de tu paso al caminar


El vacío es el que clama la virtud de la inocencia,
el destino es la palabra que se clava en la impaciencia
de dejar a un lado el lago dado por tus ojos,
para olvidar a lo que temen los cerrojos,
ese miedo paseado por despojos de otros ratos.
Ratas de orfanato.
Sin más. 

Los senderos, si se abren,
son de piedras descompuestas,
de caminos que se temen
por tener la puerta abierta
a ilusiones aún sin orden,
anarquía en la cabeza;
si me pierdo no preguntes,
que aún no tengo la respuesta.

Respirar el aire que roza tu cuello
para olvidar los retazos de unos besos
ya perdidos por el tiempo,
ya extinguidos por lamentos;
acedías entre versos
de hace días aún sufriendo.

Soy el desierto de este premio,
tan sólo tengo tinta y letra,
si quieres meterme en un gremio
méteme en el de los poetas;
mi aren, repleto de musas,
mi cáliz de whisky y hielo,
limón si es que estoy de buenas,
y si no,
pues a palo seco.

Pero no todo queda atrás,
tengo el mando,
ando donde quiero y más,
cojo el atajo de pegarle un tajo a la rutina,
y resquebrajar la orilla
del mar.

Dejar atrás el abismo,
comprender el sonido de la lluvia
al golpear contra el cristal,
y soñar con que es el mismo
eco donde se refugia
el exilio de tu paso al caminar.