Flores (para tus muertos)
Y no eran rosas las flores,
Y no eran rosas las flores,
eran del
color de tus mejillas,
de olores
descafeinados y siluetas
sin
preguntas.
Juglares de
lugares remotos
y banquetes
cortos.
Eran frescas
y claras y oscuras,
amigas de la
luna y la locura;
naturaleza
regalada
que nada
tiene que envidiar a los bosques
ni a los
dioses,
compuestas
por su inequívoca indiferencia.
Plantada,
bajo tierra,
fiel amiga
de raíces y gusanos,
se despierta
la semilla
para un
nuevo amanecer.
Y yo, pala
en mano,
echándome mierda
encima
a ver si
crezco de una vez.