Yo, que quiero acariciar
paredes de papel que un tiempo atrás
dejé crecer
por rutina.
El sol, que tiende a masticar
las sombras que ya nadie quiere ver
en libertad,
que rompen la marisma.
Yo, que tiemblo al descubrir
cristales que al pisarlos
me recuerdan tragos
que ingerí por ti.
La luz, que espera en un rincón,
risueña, repentina,
recién amanecida por un resbalón
del sol.
Y yo, me pierdo una vez más
jugando en un compás de melodías
que terminan donde el mar
pierde la vida.
Resurgiendo entre cenizos despertares.
El cielo que se evade
entre los tiempos que me invaden;
llueven rayos de tormenta,
aún me arañan las respuestas.
Si me rozan los amagos
me hundo de cieno en un lago
para ahogar todas las penas,
que aún hay miel en la colmena.
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