domingo, 20 de febrero de 2011

La historia de Conchita (1)


Capítulo 1: Primeros indicios.

En la oscura capa de moho cerca de la enigmática foto de la comunión, comenzó a crearse un problema que invade mi casa hoy en día. Las paredes siguen su transcurso, quedan endebles y pasivas frente a él. Ni siquiera el cemento decrece su paso, no arraiga un minuto de su pasado, no consigue ver más allá. No se muestra tal como es, no se sabe ni si es o si fue… no al menos con certeza. Oscuras se veían tiempo atrás las noches, pero más oscuro aún era el sueño, y precisamente ahí, fue donde todo comenzó.

Pesadillas se ceñían por el claro amanecer de los sueños. Rocambolescos acontecimientos llegaban hacia la habitación más perdida de la casa, la más lejana y fría. La habitación de mi hermana. Ella, mundialmente conocida como alguien, comenzó a tener unos sueños rarísimos en los que asesinaba a sangre fría a la vecina de abajo. No discuto que sea algo genial, pero no era normal, al menos, según ella decía. El frío se apoderaba del lugar, y los sueños volvían a repetirse, no iguales, pero sí parecidos. 

Los días pasaban y pasaban, y mi hermana no lograba descansar nada. Mi madre decidió investigar el por qué, y como haría cualquier periodista de Sálvame Deluxe, se fue a hablar con una médium que sabía echar las cartas (vaya complicación, yo también sé tirarlas encima de la mesa). Descubrió que mis padres habían estado vinculados a El Escorial (aunque yo estuve en el Valle de los Caídos) durante años. Descubrió que tenía una estampita de la Virgen por un cajón de mi casa (en fin…), y dijo que en un lado de la cama colgaba un rosario blanco de plástico que poseía algún tipo de energía negativa. Terminó su monólogo diciendo que en la habitación de mi hermana se centraba un mal, una mujer que no podía salir de allí, una anciana cansada de no poder ser libre. A cualquiera que le digan eso sobre su casa, es posible que se asuste, pero yo no lo hice hasta cuando fui a la habitación de mis padres a dejar una chaqueta nada más llegar: había algo colgando en el lado izquierdo de la cama; algo blanco y no muy grande que me sorprendió no haber visto antes… el rosario.


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